“Mami, no quiero ir con él/ella.”
A los 2 o 3 años, decir “no quiero” no es un berrinche. Es su forma de expresar algo mucho más profundo: “ahí no me siento seguro”.
El maltrato no siempre deja moretones. A veces se esconde en frases como: “ya cállate, no tengo paciencia para escucharte y verte”. No se ve en la piel, pero sí deja huellas en el corazón.
Los niños no dicen “me siento invalidado”. Dicen “no quiero”. Y nuestra tarea no es obligarlos, sino detenernos a entender qué hay detrás de esas palabras.
¿Qué sí podemos hacer como padres?
1. Creerle primero
“Gracias por decirme. Te escucho”.
Un niño que se siente escuchado aprende que su voz tiene valor.
2. Permitir que exprese sus emociones
Si contigo es seguro llorar, también aprenderá a identificar cuando algo no está bien fuera de casa. El hogar debe ser su lugar seguro.
3. Preguntar a través del juego
A veces no saben cómo explicar lo que sienten, pero sí pueden mostrarlo jugando.
Por ejemplo: “¿La muñeca está feliz con la tía o está triste?”
En esos pequeños momentos, los niños suelen decir mucho más de lo que imaginamos.
Un niño que sabe que mamá le cree, es un niño que se atreve a hablar. Y un niño que habla a tiempo, puede protegerse a tiempo.
No minimices su “no quiero”. A veces, es la forma más clara y valiente que tiene de pedir ayuda.
Cree. Escucha. Protege.
Un simple “te creo” a tiempo puede sanar heridas para toda la vida.
Autora: Cindy Torres
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